Aquest lloc web utilitza galetes per aportar una millor experiència de navegació i un servei més personalitzat. Si continues navegant, considerem que acceptes el seu ús. OK

Cómo decirle a un hijo que sus padres se separan

En este artículo encontrarás 12 aspectos a tener en cuenta que os pueden ayudar

Publicat el 05 de Desembre de 2014

Más tarde o más temprano la pareja con hijos que ha decidido separarse tendrá que explicar a los niños que los padres han tomado esa decisión. No es una tarea fácil, pero en este artículo encontrarás 12 aspectos a tener en cuenta que os pueden ayudar. Un consejo previo que hay que dar a los padres –y que es de sentido común–es que intenten ponerse en la piel de los hijos e imaginarse cómo encajarían ellos la noticia, si tuviesen la edad de los niños. A pesar de ser de sentido común, es un ejercicio que no siempre se hace.

Antes de la ruptura, los hijos están acostumbrados al triángulo familiar formado por padre, madre y ellos mismos. Cuando reciban la noticia, se les va a caer el mundo encima. En este sentido, es importante allanar el terreno durante al menos dos meses. Es el período mínimo que debe transcurrir desde que la pareja toma la decisión de separarse hasta que se lo comunica a los hijos.

- Crear espacios de relación bilateral. En este período, ambos progenitores deben pasar días enteros con los niños. Un domingo, por ejemplo, el papá puede llevarse a los hijos y pasar todo el día haciendo actividades. Otra semana puede hacer lo mismo la mamá. Hay que hacerlo en repetidas ocasiones, antes de hablarles de la separación. Los pequeños tienen que sentir que tanto con él como con ella se pueden hacer múltiples cosas y pasárselo bien.  

- Recurrir a una ayuda externa. Los bloqueos derivados de no expresar los sentimientos en la edad temprana pueden tener consecuencias en la edad adulta. No es cuestión de alarmarse, puesto que las separaciones actualmente son habituales y todos los niños tienen compañeros en clase que han pasado por esa experiencia. Los que han sufrido más son las personas hoy adultas que vivieron el divorcio de sus padres en los años ochenta, cuando se legalizó el divorcio (1981), y todavía había muy pocos casos. Sea como fuere, el niño necesitará la ayuda de un psicólogo algunas semanas antes de recibir la noticia. Hay mil excusas para explicarle al pequeño la necesidad de acudir a un profesional: le enseñará a leer mejor, a concentrarse y a prestar más atención, a rendir más en el colegio… Hay que crear un vínculo con el psicólogo desde unas semanas antes, puesto que los hijos suelen cerrarse cuando sus padres les dicen que se separarán y es muy difícil que después quieran hablar de ese tema con nadie.

- Pensar en la posibilidad de un familiar. Si los progenitores deciden no recurrir a un profesional, necesitarán un familiar cercano –y no posicionado por ninguna de las dos partes– al que le tengan confianza y le puedan expresar sus sentimientos. Los hijos no quieren hablar ni con el padre ni con la madre a solas, puesto que, al decir lo que sienten a uno de ellos, tienen la sensación de traicionar al otro progenitor. El acompañamiento de esa figura externa debe alargarse hasta los dos meses después de la separación. Es el tiempo que los hijos necesitan para asimilar la nueva situación.

- Ayudarse de la fitoterapia. Para que el niño gestione mejor su parte emocional, se puede recurrir al hipérico. Los niños de 2 a 5 años deberán hacer dos tomas (mañana y mediodía) de 10 gotas de esta planta medicinal disuelta en agua. Desde los 5 a los 10 años, las tomas deben ser de 15 gotas y, en los adolescentes, de 25 gotas. Las tomas también deberán empezar semanas antes de recibir la noticia y continuar hasta después de la separación. Otra opción son las Flores de Bach, después de recibir el impacto emocional. En este caso, cada persona necesitará una formulación a medida.

- Evitar las discusiones entre los padres. Las parejas dicen que nunca se discuten delante de los hijos, pero eso no suele ser cierto. No es nada recomendable que los hijos presencien las habituales discusiones que hay antes, durante y después de una separación.

- Tener claro que los niños lo captan todo. Los adultos deben partir de la premisa que los pequeños lo entienden todo y que ya habrán captado que los padres están mal. A los hijos no se les escapa nada. Interpretan correctamente lo que está pasando cuando oyen discusiones y perciben las emociones cuando hay tensión o silencio a la hora de comer. Si no saben qué pasa, los hijos suelen montarse sus propias películas y, por lo tanto, es mejor buscar excusas como un dolor de cabeza o un mal día en el trabajo para justificar ese silencio tenso en la mesa.

- No engañarles nunca. El ejemplo anterior no es nada comparado con ciertas mentiras. La noticia de que los progenitores se separan va a ser dura para los hijos, pero se les hará más daño si se les miente diciéndoles que los padres siguen queriéndose igual. Pensarán: “Estáis mal y, encima, ¡queréis engañarme!”. Saben que algo no anda bien, pero no saben la magnitud de las consecuencias y la incertidumbre es aún peor.

- Saber que el mayor miedo de los hijos es quedarse solos. Un niño pequeño solo conoce la unidad padre y madre y el triángulo familiar que decíamos anteriormente. Teme que la separación de la pareja implique que los padres se vayan y ellos se queden solos. Es necesario explicarles que, para el padre y la madre, lo más importante es él o ella y que eso siempre será así. Él o ella deberá comprender que continuará teniendo padre y madre y que podrá estar con ambos, aunque hayan decidido no vivir juntos a partir de ahora.

- Adecuar el lenguaje a la edad del niño. Los más pequeños entenderán la comparación de que los padres han dejado de quererse como novios, pero que continuarán siendo amigos.

- No entrar en los motivos de la separación ni criticar a la expareja. No hay que contar las jugarretas que ha habido dentro de la pareja y mucho menos criticar al excónyuge para que el hijo tome partido. Es un grave error. La criatura se cerrará emocionalmente y la respuesta hacia los padres será en forma de rencor. Hay que recordar que los hijos quieren a los dos por igual. Las comidas de coco diciendo lo bueno que soy yo y lo mala que es la otra persona destrozan al hijo, pero no sólo eso: les convierte en tiranos y manipuladores.

- Decidir el tipo de custodia. Parece que la custodia compartida está muy de moda y esa es una buena opción, si los hijos permanecen siempre en la misma casa y son los progenitores los que vienen y se van de la vivienda familiar. Distorsiona mucho a los hijos cualquier opción que signifique cambios de horarios y de ubicación. Por lo tanto, los niños deben seguir yendo al mismo colegio y a la misma casa o, a lo sumo, variar entre dos viviendas cercanas. La custodia compartida no es una buena opción si uno de los dos padres hace jornadas laborales maratonianas o trabaja lejos de casa y necesita recurrir a un canguro. En tales casos, lo mejor para el niño será una custodia de fines de semana alternos.

- Cumplir con lo prometido. Lo ideal sería que los miembros de la expareja fuesen coherentes con lo que le dijeron al niño, que continuasen siendo amigos delante de los niños y que hubiese un entendimiento al hablar sobre temas relacionados con los hijos.

 

Autora del artículo: Griselda Vidiella.

Psicóloga evolutiva, naturópata y directora del Centre FAC.