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Educar en emociones

Aprender ejercicios de respiración y técnicas de relajación sin duda ayuda a los estudiantes a estar más concentrados y atentos a las explicaciones de los maestros

Publicado el 18 de Diciembre de 2014

Cada vez hay un mayor número de colegios que incorporan el yoga en las aulas. Aprender ejercicios de respiración y técnicas de relajación sin duda ayuda a los estudiantes a estar más concentrados y atentos a las explicaciones de los maestros. Por otro lado, se habitúan a gestionar sus emociones desde pequeños e interiorizan unos recursos que les acompañarán a lo largo de toda la vida.

No es necesario que los niños aprendan un repertorio muy amplio de técnicas. Bastarán unas pocas recetas que se pueden aprender desde los 3 años. La primera de ellas serían las técnicas de respiración que facilitan la recuperación de energía y la activación de los chakras.

Otra sería la liberación de impactos emocionales negativos (enfado, rabia, etc.) sin dañar a nadie. Es prácticamente inevitable que un niño pegue o insulte a otro. Lo que siempre intentan los educadores es evitar que el segundo siga la pelea o la discusión. Sin embargo, este otro niño debe poder exteriorizar que se ha sentido herido. Puede hacerlo llorando, gritando o verbalizando su sentimiento ante su compañero. Este impacto emocional negativo también se puede descargar con una respiración profunda e intencionada, sin que nadie se dé cuenta. Todo lo que implique tragarse emociones negativas significa ir creando corazas que pueden acabar provocando trastornos en un futuro.

Todos los educadores (padres, maestros, monitores...) deben fomentar los pensamientos creativos en los pequeños. Demasiado a menudo se dice "no" a los niños, porque lo que están haciendo parece demasiado difícil y se quiere evitarles una frustración si no logran alcanzar su objetivo. A veces también ocurre que simplemente se les quiere llevar por el camino que le interesa al adulto. Es un grave error. Se trata de hacer justo lo contrario, esto es, enseñarles a crear pensamientos positivos que den forma a la vida que quieren tener –hay personas que denominan Ley de la Atracción a esta técnica–.

Un aspecto que los colegios deberían corregir es el hecho de mezclar alumnos calmados y alumnos activos en una misma aula. Es un error creer que los unos se equilibrarán con los otros. Nada más lejos de la realidad. Los estudiantes calmados suelen ser creativos, con mucho talento y sensibilidad, y necesitan una educación distinta a los niños activos, deportistas y con dotes de liderazgo.

Lo que está pasando hoy en día es que los unos interactúan con los otros, de manera que  los alumnos activos se vuelven tiranos mientras que los calmados se convierten en niños introvertidos. Los primeros tienen sometidos a los segundos. Unos crean corazas de falsos líderes y los otros se sienten cada vez más inseguros y carentes de autoestima.

La mejor opción es separarlos en aulas de grupos homogéneos durante la primera infancia, hasta los 10 años. De esta manera se evitarán muchos trastornos de déficit de atención (TDA). Existen sencillos tests que permiten identificar a los niños activos y a los calmados. A partir de los 10 años, los chicos son más conscientes de sus aptitudes y, si han podido desarrollarlas, también habrán creado una fuerte autoestima. Es a partir de entonces que alumnos calmados y alumnos activos pueden compartir una misma clase. Sus relaciones serán más saludables.

 

Autora del artículo: Griselda Vidiella

Naturópata, psicoterapeuta y directora del Centre FAC