¿Cómo podemos hacer frente a la incertidumbre?

Una de las contradicciones con las que convive actualmente nuestra sociedad es que, por un lado, la vida se ha vuelto mucho más cambiante ya que nuestro ámbito personal, social y laboral experimenta transformaciones con más frecuencia y rapidez de lo que ocurría hace unos años, y, por el otro, tenemos cada vez más la necesidad de tenerlo todo controlado sabiendo que con un solo “clic” tendremos cualquier información que precisemos a nuestro alcance.

Este escenario deja entrever el apego que tenemos al valor de la seguridad y la resistencia con la que nos encontramos para aceptar, y consiguientemente gestionar, la incertidumbre. En este artículo te proponemos precisamente redescubrir la “incertidumbre”, aprendiendo a contemplarla como una oportunidad e integrarla como parte natural de nuestras vidas.

INCERTIDUMBRE

Una sociedad cambiante


Vivimos en una época en la que los pilares que hasta ahora habían sostenido el sistema establecido empiezan a cuestionarse, y el siglo XXI comienza a albergar las semillas de nuevas maneras de entender las sociedades reflejadas por ejemplo en:

> Cambios en la ciudadanía, como podrían ser los acuerdos de colaboración entre ciudades para gestionar conjuntamente una temática concreta (por ejemplo, la iniciativa Human Right Cities, un grupo de más de 30 metrópolis alrededor del mundo que se han comprometido a respetar los Derechos Humanos en las políticas que lleven a cabo).

Cambios en la economía, uno de los cuales podría traducirse en el procomún colaborativo que pronostica el economista Jeremy Rifkin en su libro “La sociedad de coste marginal cero”.

Cambios en la política, como los nuevos modelos de gobernanza en los que la innovación política se está descubriendo como un fenómeno mayoritariamente urbano donde encontramos las mejores prácticas en disciplinas como la reutilización de datos públicos, las plataformas de participación ciudadana o la co-producción de políticas públicas.

Cambios en la educación como, por ejemplo, la promoción de un modelo de experiencias de aprendizaje empoderadoras y relevantes que permitan a los niños desarrollar su proyecto de vida con dignidad, sentido y bienestar, defendido por la alianza Escola Nova 21.

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¿Cómo influye la gestión de las emociones ante la incertidumbre?


Ante este escenario, es importante que aprendamos a convivir con la incertidumbre que puedan generarnos los distintos cambios que se sucedan en nuestra vida y, para ello, es fundamental que sepamos gestionarla. Pero, ¿por qué nos resulta tan difícil gestionar la incertidumbre? ¿Por qué la incertidumbre nos genera temor y consiguientemente nos paraliza?

Desde pequeños hemos sido educados principalmente en materia de inteligencia académica, dejando al margen lo que el psicólogo Daniel Goleman popularizó en el año 1995 como “inteligencia emocional”, es decir, no hemos sido educados para aprender a gestionar nuestras emociones y ello ha facilitado que seamos más vulnerables a la hora de hacer frente a las situaciones, puntuales o cotidianas, con las que nos encontramos a lo largo de nuestra vida. Asimismo, esta vulnerabilidad facilita que, a la hora de tomar nuestras propias decisiones, nos dejemos influenciar o condicionar más por nuestro entorno o por los prejuicios establecidos que por nuestro propio criterio.

Es importante aprender a gestionar la incertidumbre porque tenemos que aprender a convivir con ella. Sin embargo, esta tarea nos resulta difícil porque no hemos sido educados en materia de gestión emocional.

Desarrollemos un poco más esta idea para entenderla mejor. Cuando sabemos gestionar nuestras emociones, nos mantenemos emocionalmente inalterables respecto a lo que ocurre a nuestro alrededor, adquirimos habilidades para no bloquearnos, y somos capaces de tomar nuestras decisiones basándonos en quienes somos realmente y en lo que de verdad queremos. Así, si por ejemplo, yo no estoy a gusto en mi puesto de trabajo actual, decidiré hacer un cambio profesional a pesar de que no tenga una alternativa laboral inminente, de que mi familia no me lo recomiende o de que el contexto económico sea desfavorable. Por el contrario, si no dispongo de habilidades emocionales para gestionar esta situación, no me atreveré a cambiar de trabajo a pesar de no sentirme a gusto en él por miedo a no encontrar un nuevo puesto y porque, además, mi entorno no me lo aconseja y el contexto económico es hostil.

incertidumbre

De esta forma, y teniendo en cuenta que mayoritariamente no gozamos de una buena gestión emocional, es habitual que vivamos nuestra vida como una consecuencia de lo que ocurre a nuestro alrededor, de manera que los cambios que interpelan directamente a nuestra seguridad (la pérdida de trabajo, un divorcio, un traslado profesional, etc.) los vivimos como una auténtica hecatombe y nos hacemos emocionalmente esclavos de las incertidumbres -normalmente de tinte negativo– que éstos nos generan (¿y si no vuelvo a encontrar trabajo?; ¿y si no puedo rehacer mi vida después de la separación?; ¿y si no estoy a gusto con mis nuevos compañeros?).

Cuando sabemos gestionar las emociones, nos mantenemos emocionalmente inalterables respecto a lo que ocurre a nuestro alrededor, adquirimos habilidades para no bloquearnos y somos capaces de tomar nuestras propias decisiones sin dejarnos influenciar por factores ajenos a nuestro propio criterio.

¿Cómo podemos gestionar la incertidumbre?


Así pues, en una época de cambio constante, no nos podemos permitir el hecho de no gestionar la incertidumbre ya que tenemos que aprender a convivir con ella e integrarla como un elemento que puede ser incluso positivo para nosotros.

¿Qué podemos hacer al respecto?

1. Practicar la observación objetiva
Es importante observar –desde la distancia– lo que sucede a nuestro alrededor y preguntarnos qué podemos hacer nosotros ante una determinada situación para focalizar nuestra atención y energía en este ámbito de actuación.

Muchas veces, la incertidumbre nos ancla en un campo de actuación que no está a nuestro alcance y no merece la pena malgastar tiempo y esfuerzo en algo que no depende de nosotros.

En este contexto, cobra mucho sentido la frase de Confucio“¿Si los problemas tienen solución, ¿de qué te preocupas? Y, si no la tienen, ¿por qué sigues preocupándote?”.

2. Vivir en el aquí y el ahora
Es imprescindible vivir en el aquí y el ahora.

La preocupación asociada a la incertidumbre nos traslada directamente a un plano futuro -mayormente hipotético– que sólo consigue paralizarnos y generarnos ansiedad y angustia.

Es muy importante prestar atención plena a nuestro presente ya que ello nos ayudará a focalizar el ámbito de actuación que comentábamos anteriormente.

La meditación o el mindfulness pueden ayudarnos a entrenar nuestra mente para conseguir una atención plena en el aquí y el ahora.

3. Ser flexibles
Es muy recomendable trabajar la flexibilidad para gestionar la incertidumbre.

Si somos flexibles, aceptaremos la posibilidad de equivocarnos, no seremos tan exigentes con nosotros mismos y, en definitiva, dejaremos que la vida fluya, debilitando así los miedos e inseguridades, y fortaleciendo nuestra confianza.

4. Valorar lo que se tiene
También es muy útil para gestionar la incertidumbre el hecho de valorar lo que tenemos en lugar de lamentarnos por lo que nos falta.

A veces, estamos tan focalizados en la ausencia de algo que no somos capaces de darnos cuenta de lo afortunados que somos con lo que tenemos.

5. Fijarse retos alcanzables
También es importante ser perseverantes y marcarnos pequeñas metas que, poco a poco, nos irán acercando a un objetivo mayor.

Más vale irnos fijando pequeños objetivos paulatinos y plausibles que un reto mayor inalcanzable.

6. Trabajar la resiliencia
La incertidumbre es un buen escenario para trabajar la resiliencia, que es la capacidad de hacer frente a las dificultades y salir fortalecidas de ellas.

Las personas que practican la resiliencia desarrollan las siguientes cualidades:

> Son conscientes de sus fortalezas y debilidades.

Son objetivas y optimistas.

Gestionan las emociones.

Viven en el aquí y el ahora.

Transforman la adversidad en oportunidad.

Se rodean de personas positivas.

Son tenaces y flexibles a partes iguales.

Practican la empatía.

Los cambios son inevitables pero la manera cómo afrontamos sus consecuencias dependen de nosotros. Cuando no podemos cambiar la realidad, lo que sí podemos modificar es la manera como digerimos emocionalmente esa realidad. Así pues, no se trata de controlar las situaciones, sino las emociones derivadas de ellas.

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