¿Qué son los trastornos de ansiedad?

La ansiedad es un concepto que ha ido evolucionando con el tiempo. Existen tantas definiciones de ella como modelos teóricos, pero en algo que coinciden todos es en su multidimensionalidad, es decir, en la interactuación de los aspectos cognitivos, motores, emocionales y fisiológicos de la persona.

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El término “ansiedad” es fácilmente confundible con otros conceptos como, por ejemplo, “angustia” y “estrés”. Es por ello que creemos conveniente describir mínimamente estos tres últimos términos para poder hacer una distinción entre ellos, tal y como diferencian los psicólogos Juan Carlos Sierra, Virgilio Ortega e Ihab Zubeidat en su trabajo titulado “Ansiedad, angustia y estrés: tres conceptos a diferenciar”, publicado en la Revista Mal-estar E Subjetividade (2003, vol. 3: 10-59).

ESTRÉS

» El estrés puede definirse como el resultado de la capacidad que tienen las personas para hacer frente a las demandas del ambiente.

» Normalmente, el estrés puede desencadenarse como resultado de verse sometido a una rutina de autoexigencia, de encontrarse con cambios repentinos, o de hacer frente a graves peligros. La interpretación influye en gran medida en la experiencia y la percepción de recursos propios para afrontarlo.

» Así pues, a pesar de que el estrés es una respuesta necesaria porque nos permite adaptarnos a las circunstancias del medio, éste puede llegar a ser dañino si se cronifica.

ANGUSTIA

» Cuando hablamos de angustia, nos referimos a la amenaza que acecha a la existencia del individuo, a sus valores morales y a su integridad tanto física como fisiológica.

» La angustia es una emoción difusa y desagradable que normalmente lleva a la inmovilización y al sobrecogimiento.

» Está muy asociada a la pérdida de capacidad de dirigir los propios actos y actuar libremente, y generalmente provoca una sensación de indefensión.

ANSIEDAD

» Una de las definiciones más consensuadas sobre la ansiedad es la que sostiene que se trata de una anticipación a un daño o peligro futuro.

» Con motivo de esta anticipación involuntaria, el organismo se pone en marcha y activa un sistema de alerta para poder reaccionar ante este peligro. Para ello, desarrolla conductas como la lucha, la huida o la evitación -buscando así condiciones seguras- y, al mismo tiempo, manifiesta una sobreactividad fisiológica.

» Podemos clasificar la ansiedad en dos principales tipologías: la normal o adaptativa y la patológica.

Ansiedad normal

La ansiedad normal es adaptativa y se entiende como una respuesta a diferentes situaciones estresantes. En este sentido, coincidiría con el concepto de estrés en la capacidad de adaptarse al medio para poder reaccionar y responder ante un peligro o una exigencia puntual.

Este tipo de ansiedad es de duración limitada y de intensidad moderada, y suele desencadenarse a partir de ciertos estímulos como, por ejemplo, hablar en público.

Ansiedad patológica

Si esta respuesta adaptativa se convierte en una constante en nuestra vida, estamos ante un caso de ansiedad patológica, la cual provoca un malestar significativo en el día a día de la persona.

En este estado, y vinculado al estrés cronificado -a la autoexigencia y la exigencia del ambiente-, se sobreexige al cuerpo un desgaste de energía constante que es mucho más elevado de lo considerado beneficioso para él.

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Causas de la ansiedad


En las causas de la ansiedad pueden estar implicados factores biológicos, ambientales y psicosociales. Los biológicos corresponden a la predisposición genética y alteraciones en los sistemas de transmisión del cerebro. Los ambientales son la hipersensibilidad y respuesta a determinados estresores del entorno. Y finalmente los psicosociales corresponden a las situaciones de estrés, el ambiente familiar, las experiencias amenazadoras de vida y la preocupación excesiva por temas cotidianos. Es importante realizar un anamnesis completa que pueda descartar si la ansiedad es una consecuencia fisiológica de alguna otra enfermedad.

Principales síntomas de la ansiedad


Los síntomas de ansiedad pueden formar cuadros sintomáticos que dan nombre a los trastornos de ansiedad, denominados por lo general en función de la identificación del peligro o estímulo que desencadena los síntomas. Por ejemplo: trastorno de ansiedad generalizada, fobias, trastorno por estrés post-traumático, trastorno obsesivo compulsivo, etc. Asimismo, es común que éstos presenten comorbilidad con trastornos de estado del ánimo como, por ejemplo, la depresión o la distimia.

Veamos los principales síntomas físicos, fisiológicos y conductuales de la ansiedad, contemplados en la Guía de Práctica Clínica para el Manejo de Pacientes con Trastornos de Ansiedad en Atención Primaria.

Síntomas físicos

Vegetativos: sudoración, sequedad de boca, mareo, inestabilidad

Respiratorios: disnea

Neuromusculares: temblor, tensión muscular, cefaleas, parestesias

Digestivos: nauseas, vómitos, diarrea, estreñimiento, aerofagia, meteorismo

Cardiovasculares: palpitaciones, taquicardias

Genitourinarios: micción frecuente, problemas en el ámbito sexual

Síntomas físiológicos y conductuales

Preocupación, aprensión y sensación de agobio

Miedo a perder el control, a volverse loco o sensación de muerte inminente

Dificultad de concentración, sensación de pérdida de memoria

Irritabilidad, inquietud, desasosiego

Conductas de evitación en determinadas situaciones

Inhibición o bloqueo psicomotor

Es interesante retomar el concepto de multidimensionalidad y desglosar estos mismos síntomas en cuatro “áreas de acción” del individuo, con la idea de entender qué desencadena el síntoma y en qué área se bloquea el individuo, con el objetivo de facilitar su abordaje terapéutico. Un ejemplo de interpretación de una situación ante un estímulo ansioso sería:

» Cognitiva: ¿Qué pienso? → “Otra vez me pasa igual”, “No podré superarlo”, etc.

» Motor: ¿Qué hago? → Gritar, paralizarme o salir corriendo.

» Fisiológico: Sudoración, temblores, presión en el pecho.

» Emocional: Miedo.

Uno de los posibles abordajes es adentrarnos en la emoción del miedo y en observar cuál es su función ya que se trata de una emoción nuclear en la ansiedad. Así, también veremos como, si desatendemos el área emocional, estaremos generando un entorno idóneo para que se generen bloqueos energéticos.

El miedo, ¿qué hago con él?


El miedo nos ayuda a ser prudentes, a tener cautela, y a medir nuestros recursos y amenazas. Es por ello que el miedo puede ser nuestro aliado y no algo contra lo que tengamos que luchar. De hecho, cualquier emoción nos está avisando de algo y nos invita al autoconocimiento. Sin embargo, tememos al miedo por la parálisis que nos produce y ello conlleva que no nos permitamos vivir esa emoción. Una emoción no vivenciada, no transitada, y a la cuál no se le ha permitido su expresión, se bloquea. Así, la continua lucha por hacer desaparecer una emoción que ya estamos sintiendo, aumenta la frustración y la impotencia, ya que esta emoción es automática y no se puede eliminar.

Ante esta situación, podemos optar por acogernos a la emoción opuesta al miedo, la confianza, la cual nos permitirá poder vivenciar el miedo que nos paraliza y, desde ese punto, facilitaremos la acción. Para ello, el área cognitiva debe hacer un trabajo de transformación de las creencias nucleares que desencadenan pensamientos automáticos, que son aquellas creencias autolimitantes y afirmaciones contundentes que nos niegan a nosotros mismos la posibilidad de cambio y de evolución.

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Todas estas creencias son resultantes tanto de bloqueos energéticos como de mecanismos de supervivencia como consecuencia de la interpretación de la realidad que vivimos a lo largo de nuestra vida. La buena noticia es que esas creencias están en manos del individuo ya que estos pensamientos no son lo que el individuo es, sino que son lo que piensa sobre él mismo.  

Aquello que pensamos de nosotros mismos tiene un gran poder, hasta el punto de que un pensamiento puede llegar a limitarnos o a potenciarnos. Por eso es tan importante tomar las riendas de la propia vida, del propio proceso terapéutico, y contemplar el abordaje terapéutico integral, en el que se tenga en cuenta todas las áreas de nuestro ser. Este abordaje nos permitirá liberar todos los bloqueos acumulados durante años y así empezar un acercamiento a nuestra esencia, y un redescubrimiento de nuestras verdaderas necesidades, habilidades y potencialidades.

La ansiedad conlleva una sintomatología difícil de sobrellevar, pero cuanto más ligera sea la “mochila” de nuestras creencias autolimitantes, más posibilidades tendremos de recuperar nuestro propio bienestar. Es por ello que es importante realizar un trabajo terapéutico a diferentes niveles –físico, mental, emocional y energético– junto con un proceso de autoconocimiento y consciencia, para poder autorregularnos y tomar las riendas de nuestro propio proceso.

 

Autora: Georgina Elorriaga, Psicóloga y Terapeuta Gestalt del Centro FAC.

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